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La vida de Amparo Roque inspira el cortometraje 'Todas mis avispas'

Las actrices principales, Amparo Roque y Tamara Canellas. / j. f. r.
Las actrices principales, Amparo Roque y Tamara Canellas. / j. f. r.

La película, rodada en Benablón, es el trabajo final de grado de Daria Gálvez, nieta de la protagonista

JUAN FERNÁNDEZ ROBLES

Amparo Roque, una caravaqueña de corazón nacida en Extremadura, no podía imaginar que a sus 86 años iba a convertirse en actriz, ni que su vida iba a inspirar un cortometraje que tiene como escenario el cortijo familiar, ubicado en la pedanía caravaqueña de Benablón y donde cada verano recibía con alegría a sus hijos, nietos y bisnietos. Daria Gálvez Molteni, una de sus nietas, dirige un equipo de una veintena de personas que se han convertido en parte de la familia de Amparo. Durante estos días, la casa de la abuela es el escenario principal de este trabajo audiovisual, que será su proyecto de fin de grado en la Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Cataluña.

Amparo recuerda con añoranza los años compartidos con su marido en Caravaca, a donde se desplazaron para trabajar en una fábrica y donde, un poco más tarde, pusieron en marcha una carnicería en las inmediaciones de la parroquia de El Salvador. La suerte, a veces, es esquiva, y tuvieron que emigrar a Alemania, donde nacieron tres de sus hijos. «Íbamos a pasar el tiempo necesario para ahorrar lo suficiente y volver a Caravaca, para saldar un préstamo, pero nos fue tan bien que seguimos allí hasta la jubilación», recuerda Amparo mientras sus ojos se enrasan de lágrimas. Poco tiempo después de regresar, hace más de 20 años, enviudó y tuvo que seguir viviendo para mantener unida a una gran familia, de seis hijos, doce nietos y ocho bisnietos.

Días de verano

En 'Todas mis avispas', en el que colaboran varios vecinos en algunas escenas, Roque convive en el cortijo con la menor de sus hijas, a la que da vida la actriz Tamara Casellas. En su trama, los veranos pasan y la familia crece, pero las visitas disminuyen y el cortijo es demasiado espacio para dos personas. A la latente soledad de Amparo se suman las constantes olas de calor y la vejez. Con el tiempo, todo ese amor acabó por dárselo a las avispas que habitan sus tierras.

Gálvez cuenta que «el corto nace de todos mis veranos en el cortijo de mi abuela Amparo. De cuando éramos niños y los días de verano eran horas y horas a remojo en la piscina, los que preferían polos de limón a los de naranja, las coreografías sobre el 'hit' de ese verano, lo sacro que era ver la telenovela de la tarde, las exploraciones al atardecer por los campos y los mil fantasmas que convivían por la noche en la casa».

A raíz de un acontecimiento crucial para este cortometraje, Daria tomó distancia de la figura de la abuela y empezó a interesarse más por la mujer que había detrás, «también por conocer al único amor de su vida, mi abuelo, a quien no conocí, sus viajes, sus miedos, sus rezos, sus plantas, cómo rellenaba las horas del día. Es un cortometraje que respira en los pequeños detalles, que bebe de las voces y silencios más realistas de todos mis veranos, los de mi abuela».