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La Vera Cruz regresa a la basílica custodiada por los Armaos y miles de fieles

La Cruz de Caravaca bajo palio por la Corredera durante el ritual de la Cruz de Impedidos. / J. F. ROBLES
La Cruz de Caravaca bajo palio por la Corredera durante el ritual de la Cruz de Impedidos. / J. F. ROBLES

JUAN F. ROBLES

Al filo de la medianoche, un castillo de fuegos artificiales marcó el final de las Fiestas de la Vera Cruz. El espectacular desfile de la noche anterior dio paso, en la mañana de ayer, a uno de los rituales más emotivos del ciclo festivo caravaqueño: la Cruz de Impedidos. La Sagrada Reliquia visitó decenas de hogares de enfermos para llevarles consuelo, alegría y esperanza. Por la tarde, tuvo lugar la Procesión de Subida hacia la basílica santuario de la Vera Cruz. La Sagrada Reliquia en su Custodia Procesional, custodiada por los Armaos, regresaba a su relicario de piedra en la cima del montecillo sobre el que se levanta el castillo.

Centenares de personas a las que la enfermedad o los años les impiden subir a la basílica, besaron la Vera Cruz en un momento marcado por la emoción y las lágrimas, tanto de los propios enfermos como de sus familiares. El tintineo de una campana avisaba que la Sagrada Reliquia estaba recorriendo las calles de la ciudad y se aproximaba a los hogares. Tras la celebración de la misa en la parroquia de La Concepción, se inició el recorrido. Poco antes del mediodía, la Sagrada Reliquia llegó al monasterio de Nuestra Señora del Carmen, donde se realizó 'el relevo', acto en el que el párroco de La Concepción, Juan Alfonso Breis, entrega la Vera Cruz al vicario episcopal y párroco de El Salvador, Jesús Aguilar, en presencia del padre Pascual Gil, superior de los padres carmelitas, que, después de dar la bendición con la Sagrada Reliquia, la dio a besar a los fieles. Tanto a la entrada como a la salida, una lluvia de pétalos cayó desde el coro sobre la Vera Cruz, que prosiguió su recorrido. Por la tarde, tuvo lugar la Procesión de Subida a la Basílica Santuario de la Vera Cruz. Miles de fieles acompañaron a la Patrona de Caravaca en el regreso a su 'Relicario de Piedra' en lo más alto del cerro del castillo. Junto a la luz de las velas, los corazones de los caravaqueños se llenan de alegría al completar, un año más, los rituales de todo un pueblo que expresa su amor y su agradecimiento a la Vera Cruz. Al filo de la medianoche, un castillo de fuegos artificiales marcó el final de las fiestas y el Trueno Gordo se estrelló sobre la basílica como señal de que hay doce meses para trabajar en el programa del próximo año y preparar las piezas de enjaezamiento de los Caballos del Vino y para cuidar el vestuario que lucirán moros y cristianos en los desfiles.