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Carreras legendarias para honrar a la Vera Cruz

El caballo de la peña Aspirante en plena carrera en la Cuesta del Castillo. El rector de la basílica, Emilio A. Pérez, durante el ritual de la Bendición del Vino y las Flores./ :: FOTOS: JUAN F. ROBLES
El caballo de la peña Aspirante en plena carrera en la Cuesta del Castillo. El rector de la basílica, Emilio A. Pérez, durante el ritual de la Bendición del Vino y las Flores. / :: FOTOS: JUAN F. ROBLES

Carmen María Jorquera y María Marín se estrenan como Amazonas del Bando de los Caballos del Vino

JUAN F. ROBLES

El festejo de los Caballos del Vino es el más genuino e insólito de los que se celebran en Caravaca en torno a la Vera Cruz. Unas sesenta peñas caballistas compiten por alzarse con el primer premio en tres concursos distintos que han surgido a lo largo de una historia cargada de pasión, arte y amor. Aunque las primeras referencias documentales aparecen en el siglo XVIII, hay un origen literario que es el más conocido y que forma parte del acerbo cultural de la mayoría de los caravaqueños.

En este ritual convergen la historia y la leyenda, unidos por el amor a la Vera Cruz de un pueblo que sueña y se despierta cada día mirando hacia el estuche de piedra donde se guarda y venera a la Patrona. La Cruz se sumerge en el vino, recordando y actualizando la tradición, que recoge que estando el castillo sitiado por los moros, los caballeros templarios decidieron cargar sus odres sobre los lomos de sus caballos y salir en busca de agua para saciar la sed de los moradores del castillo. Las fuentes estaban envenenadas y sólo pudieron traer vino que encontraron en un campo cercano. Al volver a cruzar las líneas enemigas camino del Castillo, se daba origen al singular e insólito festejo de los Caballos del Vino. Cuando los caballeros llegaron el vino se bendijo y se repartió, primero entre los enfermos, que sanaron de forma inmediata. La alegría y el agradecimiento se tornaron en fiesta.

Desde entonces han ido evolucionando hasta mostrarse en la actualidad como un triple concurso repleto de fuerza, belleza y emoción: el de caballo a pelo, el de enjaezamiento y el de carrera. El aspecto diferencial de los caballos del vino es su enjaezamiento, vestidos con piezas bordadas con seda, pedrería y canutillo de oro y plata, elaboradas a medida para cada caballo. El año pasado, la peña Terry se alzó con el primer premio, seguida muy de cerca por Caprichoso y Universo.

En 1921 se creó este concurso y por entonces los caballos se enjaezaban con colchas, mantones y prendas similares valorándose el conjunto, especialmente la bandera y demás accesorios, que se renovaban cada año. A mediados de la década de 1940 se comienzan a confeccionar pieza bordadas para los Caballos del Vino.

El concurso de Caballo a Pelo, en el que se premia la morfología del equino, tiene lugar en la tarde del 1 de mayo en la plaza del Hoyo. Este año será un jurado compuesto por jueces oficiales el que valore que caballos tienen que ser considerados como los mejores. En el concurso del año pasado, el ganador fue el caballo de la peña Sangrino, seguido por los de Zuagir y Chirinos.

El segundo concurso es el de Carrera, que tiene lugar a mediodía junto a las murallas de la fortaleza. Cada caballo, con sus cuatro caballistas, corre el último tramo de una empinada cuesta luchando contra el cronómetro y procurando llegar juntos hasta la meta. En la edición del año pasado, el primer puesto fue para la peña Aspirante, con un tiempo de 8 segundos y 274 milésimas. El récord sigue estando en posesión de la peña Artesano con 7 segundos y 713 milésimas, logrado en 2016.

En 2011 los Caballos del Vino fueron declarados Bien Cultural Inmaterial por el Gobierno de la Región de Murcia y en 2012 se aprobó su candidatura para ser proclamados Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, distinción que se espera que sea una realidad en 2020.

Renovación de cargos

El Bando de los Caballos del Vino renovó todos sus cargos unos meses más tarde de las fiestas del año pasado. Francisco Javier Gallego fue elegido como presidente y en las semanas siguientes se procedió a los nombramientos de Amazona Mayor, que recayó en Carmen María Jorquera; Amazona Infantil, para la niña María Marín; y Caballista del Año con el que se reconoce la labor de Pedro López 'el Sopas' a lo largo de varias décadas impulsando el festejo.