La Vera Cruz de los impedidos

Los Armaos escoltan a la Sagrada Reliquia, ayer, a su paso entre la multitud.
Los Armaos escoltan a la Sagrada Reliquia, ayer, a su paso entre la multitud. / Juan F. Robles
  • Los Armaos custodian el regreso de la Sagrada Reliquia, tras visitar a los enfermos, y como colofón a las fiestas

El punto final para las Fiestas de la Vera Cruz del Año Jubilar 2017 lo marcó el trueno gordo que rubricaba de forma sonora el castillo de fuegos artificiales que llenó anoche Caravaca de luz y color. La fiesta finaliza pero el Jubileo continúa, y para este fin de semana se espera a miles de peregrinos que dirigirán sus pasos a la basílica. Al templo regresó ayer por la tarde la Sagrada Reliquia, tres días después de abandonar su relicario de piedra para recorrer las calles de la ciudad y visitar las casas de enfermos e impedidos.

La espectacularidad del desfile de la noche anterior volvió a dar paso, en la mañana de ayer, a uno de los rituales más emotivos del ciclo festivo caravaqueño: la Cruz de Impedidos. La Sagrada Reliquia visitó decenas de hogares de enfermos y personas que no pueden salir de sus casas para llevarles consuelo, alegría y esperanza.

Uno de los encuentros más emotivos ocurrió en la casa del sacerdote Pedro Ballester, capellán del santuario durante más de 40 años. Un joven sacerdote caravaqueño, Saúl Sánchez, fue el encargado de darle la bendición con la Sagrada Reliquia y ofrecerla para su adoración.

Dos generaciones de presbíteros se daban cita a una misma hora y en un mismo lugar. Para Sánchez era su primera Cruz de Impedidos como sacerdote y la primera casa que visitaba; para Ballester, que tantas veces ha ofrecido la Vera Cruz a otras personas, ayer la recibía en su domicilio, visiblemente emocionado.

El inicio del recorrido tuvo lugar tras la misa en la iglesia de La Concepción. Las calles del barrio de Extremadura, del Cabecico, de la avenida de Granada, de la calle Junquico o de la plaza del Templete, fueron testigos del tintineo de la campana que iba anunciado el paso. Una comitiva encabezada por una representación de la Cofradía de la Vera Cruz, por los caballeros del Palio, por los Armaos y por un centenar de cofrades, fue visitando las casas de los enfermos que lo habían solicitado en sus parroquias.

Relevo entre pétalos

Poco antes del mediodía, la Sagrada Reliquia llegaba al monasterio de Nuestra Señora del Carmen, donde se realizó el relevo, acto en el que el párroco de La Concepción, Juan Alfonso Breis, entrega la Vera Cruz al vicario episcopal y párroco de El Salvador, Jesús Aguilar, en presencia del padre Pascual Gil, superior de los carmelitas, que después de dar la bendición con la cruz la ofreció a besar a los fieles que llenaban el templo. Tanto a la entrada como a la salida, una lluvia de pétalos caía desde el coro sobre la Vera Cruz que prosiguió su recorrido por las calles de la localidad. Por la tarde, tuvo lugar la procesión de subida hacia la basílica santuario; la Vera Cruz, custodiada por los Armaos, regresaba a su relicario de piedra en la cima del montecillo sobre el que se levanta el castillo. Junto a la luz de las velas, los corazones de los caravaqueños se llenaban de alegría por haber participado, un año más, en los rituales que con el paso de los siglos han nacido del amor y el agradecimiento de un pueblo.

Al filo de la medianoche, un castillo de fuegos artificiales marcaba el final de las fiestas y se daba inicio a un nuevo ciclo festero. El trueno gordo se estrellaba sobre la basílica y era la señal de que hay doce meses para trabajar en el programa del próximo año, para preparar las piezas de enjaezamiento de los Caballos del Vino y para cuidar el vestuario que lucirán de nuevo moros y cristianos.