Mesnadas y kábilas asaltan las calles

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Los Caballeros de Santiago avanzan por la Gran Vía, en el desfile de Moros y Cristianos, ayer, en Caravaca. / Juan F. Robles

  • Dos grandes boatos con caballos, camellos y carrozas fueron las novedades del desfile

Recogimiento y fiesta a lo grande ayer, en un día lleno de matices y contrastes, en el que la ciudad de la Cruz recreó su pasado medieval con un espectacular desfile de moros y cristianos. Dos grandes boatos fueron las incorporaciones más novedosas para el desfile, en el que los bandos rivalizaron en creatividad e ilusión para ofrecer un impresionante espectáculo a las miles de personas que abarrotaron las tribunas situadas en la Gran Vía, o que siguieron las evoluciones de los festeros desde ventanas y balcones.

Por la mañana, la visita de la Vera Cruz a enfermos e impedidos llenó de emoción sus hogares. A la llegada al convento de Santa Clara, la Patrona fue recibida con una lluvia de pétalos desde la cúpula central de la iglesia. La visita anual de la Sagrada Reliquia al convento es un momento muy esperado tanto por las religiosas de clausura como para cientos de fieles que se dan cita a fin de vivir unos momentos muy especiales cargados de solemnidad y recogimiento.

Por la tarde, la Gran Parada Desfile recreó el pasado medieval y la historia como tierra de frontera de la ciudad. Una representación del Bando de los Caballos del Vino, con las dos Amazonas y una carroza con dos caballos enjaezados, encabezaba el desfile, que arrancó en la avenida de la Constitución para finalizar en la plaza del Arco. Las amazonas, María Marín y Andrea López, desfilaron a caballo junto a la carroza que llevaba las piezas de enjaezamiento de la peñas Universo y Al-Bino, ganadoras del bloque I y II, respectivamente.

Tras la representación caballista, otra de las novedades del desfile del Año Jubilar, fue contar con la presencia de los Gigantes, acompañados por un grupo de percusión y gaitas de Abarán. A la estela dejada por estos festeros de altura, la ciudad se zambulló de lleno en su pasado medieval, inundando las calles de música, coreografías e historia. El vestuario de damas y caballeros, de bellas huríes y de aguerridos sarracenos, recordaba la presencia y las contiendas entre moros y cristianos en estas tierras.

El Bando Cristiano abrió el desfile con un boato compuesto por una gran carroza y por el grupo de la caballería que estrenaba gualdrapas con los escudos de los grupos. Los Reyes, Rubén Alonso Bermúdez y Carolain Morales, como Fernando III El Santo y Beatriz de Suavia, respectivamente, presidieron a las huestes. También ocuparon un lugar importante los Infantes de Castilla.

Tras el boato, desfilaron los Cruzados de la Vera Cruz junto a los Caballeros y Damas de Castilla, el grupo de Maestres de Calatrava, las Mesnadas de Nobles Aragoneses, los Almogávares de Aragón, los Caballeros de Santiago, las Damas de San Jorge, los Caballeros de San Jorge de Alfama, los Caballeros de Navarra y sus Damas de Navarra, los Caballeros de San Juan de Jerusalén, que también estrenaron trajes durante estas fiestas; las Damas de San Juan y, cerrando, Damas Templarias y los Caballeros de la Soberana Orden del Temple.

En el boato que abría el desfile del Bando Moro hubo dos carrozas, camellos y un grupo de jinetes a caballo «corriendo la pólvora» disparando las espindargas. Al frente de las kábilas, los Sultanes, Pedro Hidalgo y Julia Moreno, que dieron vida a Ceyt Abuceyt y a la bella Aixa, cuyo desfile estuvo precedido de festeros de otras localidades. También desfilaron los Sultanes Infantiles.

Belleza y espectáculo

Las bellas mujeres de Abul Khatar abrieron el paso de las kábilas, en el que participaron Halcones Negros, las Esclavas Rifeñas junto a los Rifeños, las y los Ceyt Abuceyt, las Mujeres Almorávides y los Almorávides, las dos kábilas de Yusuf Ibn Abderramán Al- Fihiri, la kábila Anara Sweik Bedu, los Alhakem y las Odaliscas Nazaríes, que pusieron el punto final al desfile de la Media Luna festera.

Todos los grupos ofrecieron su marcialidad y sus coreografías. La música, la alegría y la cadencia de los grupos al desfilar hizo disfrutar a las miles de personas que asistieron a un espectáculo extraordinario.