Después de las Fiestas

Francisco Soler López
OPINIÓN. PREDICAR NO ES DAR TRIGO

            La crisis no ha desvirtuado, ni relajado, la calidad de nuestras fiestas, es posible que los grupos hayan participado con menos festeros pero eso no ha sido óbice para que tanto los de casa, como los que han venido de otros lugares, se hayan quedado entusiasmados con esa marcialidad y orden que han exhibido tanto las kábilas moras, como los grupos cristianos, dignos de una buena organización del Secretario General de la Comisión de Festejos y sus colaboradores; sin olvidarnos de la Concejalía de Festejos del Ayuntamiento, que con su equipo técnico han puesto a punto nuestra Ciudad para la celebración de sus fiestas.

            Esas sesenta peñas de Caballos del Vino, algunas con muy pocos socios, pero que han sabido luchar contra las dificultades económicas y han salido a la calle con sus hermosos corceles a honrar a Nuestra Patrona, esto enorgullece a los caballistas y al pueblo de Caravaca.

            Pero hay una cosa a tener en cuenta y que muchas veces pasa desapercibida; es la limpieza, que si ya el año anterior fue buena, este año  ha resultado digno de admirar, ¿Qué serían unas fiestas con un pueblo sucio y mal oliente? Por lo tanto mi felicitación, como la de muchos caravaqueños, a esos abnegados trabajadores del servicio de limpieza. Cada mañana, al levantarnos, hemos visto nuestra ciudad en perfecto estado de revista, y bien se merecen un aplauso por su brillante labor.

            Hay otro detalle que tampoco se valora mucho: es el trabajo del personal de mantenimiento de Aqualia, grandes profesionales en el arreglo de los desperfectos en la red de agua potable, así como en el alcantarillado; acuden con prontitud y demuestran que saben lo que tienen que hacer, un trabajo en muchas ocasiones desagradable por los olores que despiden las tuberías atrancadas de aguas fétidas. Ellos también se merecen un aplauso.

            En definitiva, la conclusión de todo esto sería la siguiente: si cada uno en  su puesto de trabajo o dirección, cuida la parcela que le corresponde, al final toda la finca estará en producción, de lo contrario, el trabajo de unos puede servir de escudo para aquellos que descuidan su parcela, y la dejan todo el año en barbecho.