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La procesión de la Exaltación de la Vera Cruz congrega a cientos de fieles en Caravaca

La comitiva religiosa parte del santuario de la Vera Cruz, al inicio de la procesión. / j. f. robles
La comitiva religiosa parte del santuario de la Vera Cruz, al inicio de la procesión. / j. f. robles

El nuncio apostólico de Honduras reivindica la vocación de la ciudad como «lugar de servicio fraterno y de encuentro»

JUAN F. ROBLESCaravaca de la Cruz

Cientos de cofrades participaron ayer en la procesión alrededor de las murallas que rodean la basílica. Este acto clausuró el programa de actividades del quinario de la Exaltación de la Vera Cruz. La ciudad se despertó con el repique de campanas que a las siete de la mañana ya anunciaba las celebraciones de esta festividad, que se une a los rituales que tienen lugar a lo largo del año y que son fruto del fervor y la adoración de la sagrada reliquia.

El obispo de la Diócesis de Cartagena, monseñor José Manuel Lorca Planes, presidió la eucaristía y animó a todos a seguir trabajando por difundir el culto a la Vera Cruz. Durante la celebración, en la que estuvieron presentes el presidente de la Comunidad, López Miras, y el alcalde, José Moreno, la actual hermana mayor de la Vera Cruz, Mari Carmen López, impuso el escudo de oro de esta institución a su antecesora, Elisa María Giménez-Girón.

En la procesión, junto a los fieles que alumbraban con velas el paso de la reliquia, participaron el grupo de Voluntarios del Palio y componentes de la Compañía de Armaos, que tienen como principal función custodiar la Cruz cuando sale de su basílica.

Cinco días de culto

A diferencia de las fiestas de mayo, las actividades del mes septiembre son eminentemente religiosas y se iniciaron el pasado domingo con la misa para enfermos e impedidos, en la que tuvieron una presencia especial numerosos usuarios de la residencia de ancianos, así como los que forman parte de la Hospitalidad de Lourdes en la ciudad.

El nuncio apostólico de Honduras, el arzobispo Novatus Rugambwa, abrió el quinario en la tarde del pasado lunes y animó a los caravaqueños a no descorazonarse sino a vivir en el mensaje de esperanza de la Santísima Cruz: «La vocación primera del santuario y de esta ciudad es ser un lugar de encuentro con Dios en la oración, y un lugar de servicio fraterno, especialmente por la acogida a los enfermos, a los pobres y a todos los que sufren. En este lugar se transparenta la misericordia de Dios».

Rugambwa agradeció, además, el regalo que le hizo la anterior hermana mayor de la Cofradía de la Vera Cruz, Elisa Giménez-Girón, que le envió en abril una réplica de la patrona de Caravaca, que ahora preside el Salón del Pontífice en la Nunciatura Apostólica de Tegucigalpa.

En los días siguientes presidieron las celebraciones litúrgicas los sacerdotes Diego Martínez, rector del seminario Redemptoris Mater; Saúl Sánchez, presbítero caravaqueño que tomará posesión como párroco en la pedanía lorquina de La Paca el próximo domingo; y Jesús Aguilar, vicario episcopal de la zona Caravaca-Mula. Durante los cinco días en los que se desarrolló el quinario, las misas celebradas en la basílica contaron con la participación de cientos de fieles, sobre todo en las eucaristías de primera hora de la mañana. La hermana mayor recordó que «los cofrades de la Cruz de Caravaca somos custodios de un magnífico patrimonio cultural».

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