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Kábilas y mesnadas glorifican el pasado medieval en la calle

Integrantes de la kábila Abul Khatar en la salida del desfile, ayer, en la Gran Vía caravaqueña./ J. F. Robles
Integrantes de la kábila Abul Khatar en la salida del desfile, ayer, en la Gran Vía caravaqueña. / J. F. Robles

La Gran Parada Desfile inunda de colorido y música la Gran Vía para conmemorar los 60 años de la renovación de las fiestas con los grupos Abul Khatar y Templarios

JUAN F. ROBLESCARAVACA

Día de contrastes. Por la mañana, la visita de la Vera Cruz a enfermos e impedidos llenó de emoción sus hogares que abrieron sus puertas a la Sagrada Reliquia; por la tarde, la Gran Parada Desfile recreó el pasado medieval y la historia como tierra de frontera de la Ciudad de la Cruz. Los gigantes fueron los encargados de iniciar el desfile acompañados por el Tío de la Pita, el tamboril y un grupo de dulzaineros.

Una representación del Bando de los Caballos del Vino, con las dos Amazonas y una carroza con dos caballos enjaezados, encabezaba el desfile que arrancó desde la avenida de la Constitución y recorrió la Gran Vía y la calle Puentecilla para finalizar en la plaza del Arco. Las amazonas, María Marín y Andrea López, desfilaron a caballo junto a la carroza que llevaba las piezas de enjaezamiento de la peñas Terry y Bavieka, primeras clasificadas de los dos primeros bloques.

La ciudad de Caravaca se sumergió en la tarde noche de ayer en su pasado medieval inundando las calles principales de música, coreografías e historia, reflejada en el vestuario que mostraban unos festeros ilusionados y que recordaba la presencia y las contiendas entre moros y cristianos en esta tierra de frontera. Los grupos fueron el centro de las miradas de los miles de personas, unas 10.000, que abarrotaban las tribunas colocadas a ambos lados de la principal calle de la localidad, así como las ventanas y balcones de los edificios de la Gran Vía.

El desfile tuvo como novedad la celebración del 60 aniversario de la renovación de las Fiestas en 1958-59; especialmente para la kábila Abul Khatar, la primera en las filas agarenas, y para los Templarios, que también fueron los iniciadores de aquel cambio que se mantiene hasta hoy con la creación de nuevos grupos a lo largo de estas seis décadas. Festeros de distintas poblaciones que también celebran fiestas de moros y cristianos se unieron a la conmemoración y participaron en el desfile.

Una explosión de colorido y belleza se fundió de nuevo con las coreografías de los grupos de damas cristianas y kábileñas moras y con la marcialidad de caballeros y kabileños. Desde los más veteranos a lo más jóvenes, todos ofrecieron lo mejor de sí mismos en este desfile, que muestra una ciudad abierta a todo el mundo y que ofrece un espectáculo único en el panorama de las fiestas de moros y cristianos de toda España, tal como reconocieron los representantes de las ciudades invitadas.

El Bando Moro abrió el desfile y al frente de las huestes agarenas iban los Sultanes, Pedro Hidalgo y Julia Moreno, que dieron vida a Ceyt Abuceyt y a la bella Aixa. También desfilaron los Sultanes Infantiles, Joaquín Dólera y Judith Robles.

En las filas de la Media Luna festera hubo varias kábilas que han renovado su vestuario. Abul Khatar, kábila fundadora del Bando Moro, abrió, una vez más, el desfile de las huestes agarenas. Y tras Abul Khatar desfilaron hombres y mujeres de Halcones Negros, las kabileñas de Dragones Rojos, las Esclavas Rifeñas, junto a los Rifeños; las y los Ceyt Abuceyt, las Mujeres Almorávides y los Almorávides; las dos kábilas de Yusuf Ibn Abderramán Al-Fihiri, la kábila Anara Sweik Bedu y, para cerrar el desfile del Bando Moro, los Alhakem.

El Bando Cristiano, presidido por sus reyes, Rubén Alonso Bermúdez, como Fernando III El Santo, y Carolaine Morales, como Beatriz de Suavia, desfiló en segundo lugar. Los Cruzados de la Vera Cruz junto a los Caballeros y Damas de Castilla, el grupo de Maestres de Calatrava, las Mesnadas de Nobles Aragoneses, los Almogávares de Aragón; los Caballeros de Santiago, las Damas y los Caballeros de San Jorge, los Caballeros de Navarra y sus Damas, los Caballeros de San Juan de Jerusalén y las Damas, que también estrenaron trajes durante estas fiestas, y, cerrando, Damas Templarias y los Caballeros de la Soberana Orden del Temple.

Todos los grupos ofrecieron su marcialidad y sus coreografías a quienes disfrutaban desde las tribunas. La música, la alegría y la cadencia de los grupos al desfilar se convirtieron en el complemento ideal para este desfile, que atrajo hasta la Gran Vía a miles de personas que asistieron a un espectáculo extraordinario lleno de historia, luz y fiesta.

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