Caravaca recreó su historia con el gran desfile de Moros y Cristianos

Festeros de otras localidades de la UNDEF participaron en la Gran Parada

En esta ocasión, el Desfile contó con dos boatos para el bando moro y el bando cristiano, compuesto por una numerosa caballería, bandas de música, tambores y trompetas del Paso Blanco de Lorca, un grupo de gaitas de Abarán, tambores de Agramón y dos filás de festeros de Onteniente, Elda, Petrel Caudete, Sax y otras ciudades integradas en la UNDEF.

Una año más, la Gran Parada‑Desfile de Moros y Cristianos sirvió para que la ciudad recrease sus raíces medievales; hasta la Ciudad de la Cruz, junto a los vecinos, se desplazaron personas llegadas desde otros puntos de la región así como grupos de turistas que quedaron maravillados con los trajes inspirados en la época que se conmemora, por la música y por una singular forma de desfilar hicieron vibrar a propios y a extraños, especialmente las coreografías que exhiben las mujeres de las kábilas moras y las damas de los grupos cristianos.

Las Amazonas del Bando de los Caballos del Vino, Ainoa Pedraza y Nerea Hidalgo, fueron las encargadas de 'abrir' el desfile junto a la carroza donde se exhiben las piezas de enjaezamiento del caballo Campeón, tras lograr el primer puesto en la mañana del pasado Dos de mayo.

Tras la representación del Bando de los Caballos del Vino, llegó el momento del Bando Cristiano; los nuevos Reyes Cristianos, Miguel Ángel Sánchez y Laura Sánchez al frente del pabellón cristianos, así como los niños Pedro Antonio Ruiz y María Teresa Sánchez, como Infantes de Castilla. Entre los festeros de la Media Luna destacó la presencia de los Sultanes, David Re y Myriam Agudo, y la de los Sultanes Infantiles, príncipes de Al-Andalus, Antonio Torrecilla y Carmen García.

La ilusión de ser y sentirse festero es algo contagioso y en la Caravaca de la Cruz esta circunstancia se exterioriza de una forma muy especial. Las personas que presenciaban el desfile desde las tribunas rompieron en aplausos al paso de Sus Majestades y no se limitaron a permanecer en sus asientos contemplando la belleza de los grupos y kábilas. La expectación y la admiración se mezclan con las ganas de participar y desde las tribunas, quienes esperan y justifican el paso de kábilas y mesnadas, se unen con sus palmas al desfile otorgándole una singularidad que es admirada por festeros que, procedentes de otras ciudades con fiestas de moros y cristianos, siempre han señalado la particular simbiosis que se produce en Caravaca entre festeros y espectadores, convirtiendo a ambos en protagonistas del festejo.